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Fuente: Revista Enter Computadores y Tecnologías
www.enter.com.co

El lado oscuro de Internet
Pedófilos, contenido pornográfico, imágenes violentas, fraudes y herramientas para sabotaje son algunos de los riesgos del ciberespacio..

Las fotos de María fueron tomadas en un apartamento del norte de Bogotá, cerca de Unicentro. La calidad de las imágenes es pobre, la iluminación es deficiente y la escenografía no existe. Por la rigidez de su cuerpo mientras posa, puede deducirse que María no tiene experiencia en el modelaje erótico. Tampoco es atractiva; tiene espinillas, es demasiado delgada y la ausencia de curvas en su anatomía despierta sospechas.

Aún así, los interesados en recibir en su correo electrónico las fotografías y un corto video de María –y de otras jóvenes– deben pagar juiciosamente cerca de 100.000 pesos mensuales y no comentar ni mostrar a nadie el producto adquirido. La razón: María y las demás modelos del servicio no pasan de los 15 años de edad.

Al igual que miles de jovencitas en todo el mundo, María (ese es su nombre según el correo electrónico que contiene las fotos) fue contactada a través de una sala de chat por un desconocido que, al cabo de un tiempo, la invitó a salir con la idea de ganar la suficiente confianza como para proponerle que se dejara tomar fotos desnuda. Ella nunca supo que las imágenes serían comercializadas, ni que el hombre que las tomó era un reconocido productor de pornografía infantil.

Según datos de la Unicef, el negocio de la pedofilia en Internet es tan grande que cada año se utilizan más de un millón de niños para alimentar la demanda. Buena parte de los pequeños son ‘alquilados’ a los delincuentes por sus propias familias, que viven en condiciones de pobreza extrema, pero la mayoría son engañados en un largo proceso que suele empezar con acercamientos sutiles en la Red.

El agresor puede ser alguno de los 27.000 productores de videos y fotos pederastas que, como afirma la Unicef, ofrecen contenidos a través de uno de las más de 900.000 sitios pornográficos que existen en el ciberespacio. Esos sitios mueven entre 2.000 y 3.000 millones de dólares al año, y se estima que diariamente se crean 266 páginas más.

 Díganos cuál es su perversión

La pornografía infantil es uno de los problemas más graves, pero no es el único tipo de contenido perturbador que se encuentra en la Red.

“Mucha gente sabe que Internet es un lugar peligroso y extraño –afirma UltraNuke, un hacker y pirata informático colombiano–. Aunque el tema que primero salta a la cabeza cuando se habla del lado oscuro de la Red es la pornografía, lo cierto es que en los barrios bajos del ciberespacio se consiguen contenidos para saciar cualquier perversidad”.

Según UltraNuke, “con dos horas de conexión se pueden bajar manuales de terrorismo con instrucciones para fabricar bombas con los químicos que se encuentran en cualquier cocina, una guía completa de cultivo casero de marihuana, herramientas de sabotaje para tumbar páginas web, fotos de las autopsias de personajes famosos, videos de asesinatos grabados con fines comerciales (también conocidos como videos snuff), imágenes de la perversión que se le ocurra (zoofilia, necrofilia, canibalismo, etc.), películas de cine y programas de computador que aún no se han lanzado… En resumen, mencione la cosa más enferma o extraña que se le ocurra y yo se la consigo en la Red”.

Sergio Pérez, director de la Unidad de Delitos Informáticos del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), dice que es casi imposible controlar la publicación de contenido inapropiado en Internet básicamente por dos razones. “Para empezar, las leyes que permiten lidiar con los delincuentes cambian en cada país”.

“De otro lado –añade Pérez–, cuando el administrador de un sitio web que viola la ley se entera de que es buscado, simplemente cambia la dirección de su página y elimina todas las señales de su ubicación. Eso hace que sea muy complicado seguirle el rastro”.

El hecho de que Internet sea una red global pero el mundo esté regido por legislaciones locales es un gran obstáculo. Eduardo Parra, catedrático de la Universidad Central en nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación, explica: “cuando Francia prohibió que Yahoo ofreciera enlaces a sitios estadounidenses en los que se subastaban objetos Nazi, el problema fue convencer a los tribunales de Estados Unidos –defensores acérrimos de la libertad de expresión (porque está en su Constitución)– de que las páginas con esos contenidos ofendían a algunos franceses”.

Según datos de la Asociación Brasileña de Protección a la Infancia y la Adolescencia, la cantidad de sitios dedicados a ofrecer contendido peligroso para los jóvenes se ha incrementado en 25 por ciento durante los últimos dos años. Esta tendencia se debe, dice la organización, al aumento en las tasas de penetración de Internet de la región.

Eduardo Parra afirma que más hogares con acceso a Internet representan más personas dispuestas a consumir información inapropiada, y más usuarios con acceso a la herramienta de comunicación más poderosa que se haya inventado.

“Por eso, los jóvenes sin control paterno e Internet son una mala combinación –asegura Parra–. Independientemente de los peligros que los acechan en el mundo de la comunicación electrónica, las herramientas que ofrece la Red pueden convertirse en fuentes de poder casi ilimitado para un adolescente con suficiente tiempo libre como para vagar por los rincones de Internet”.

Tarde o temprano, agrega Parra, los jóvenes descubrirán que algunas de sus fuentes de entretenimiento favoritas (pornografía, videojuegos, películas y música, entre otras) pueden emplearse de forma gratuita en la Red. Según la publicación en línea ERNet, del Instituto de Ciencia de la India, así empiezan a formarse casi todos los hackers que operan actualmente.

 Escuelas de sabotaje

Eduardo Parra afirma que “los hackers de hoy no son los programadores expertos que hace 15 o 20 años creaban complejos programas para violar estructuras de seguridad. Ahora se trata en su mayoría de niños que vagan por la Red en busca de portales de piratería y sabotaje para descargar de allí las herramientas que les permitan bloquear una página menor o conseguir un juego de PC sin tener que pagar un peso”.

UltraNuke, en cambio, opina que no se debe subestimar a los hackers. “El mundo de estos personajes es similar al de los brujos. La inmensa mayoría conoce uno o dos trucos para descrestar bobos, pero unos pocos son capaces de diseñar virus como Sobig o Blaster, de robar millones de dólares de los bancos sin que nadie se entere, de romper los códigos de seguridad de programas como Windows XP o, como yo mismo he hecho, de violar la base de datos de alguna aerolínea para sumarse millas y reclamar pasajes en programas de viajero frecuente”.

Con herramientas de sabotaje similares a las empleadas por la mayoría de los ‘niños problema’ del ciberespacio, el 8 de febrero del 2000 un grupo de hackers atacó con éxito los sitios de Yahoo, CNN, Amazon, eBay, MSN y ZDNet, entre otros. Varios de estos sitios, que estuvieron fuera del aire durante horas, figuran entre los más importantes y visitados del ciberespacio.

“Para lograrlo –explica Ragnarok, uno de los más antiguos hackers del país–, los agresores emplearon un sistema conocido como DoS (por la sigla en inglés de Negación de Servicio), que consiste en activar un programa o un virus capaz de reenviar miles de copias de un mismo mensaje hasta que la cantidad de tráfico se hace tan grande que el servidor (el computador que administra el sitio web) se bloquea y deja de funcionar”.

El programa que permite activar procedimientos como el descrito puede conseguirse en miles de sitios web dedicados al sabotaje electrónico. Algunos son administrados por antiguas organizaciones de hackers, como The cult of the Dead Cow –El culto de la vaca muerta– (http://www.cultdeadcow.com/), Defcon (http://www.defcon.org/) o Chaos Computer Club (http://www.ccc.de/), y se han convertido en verdaderas comunidades virtuales, con sus propias agencias de noticias y servicios de descarga de software.

Otros son manejados por programadores solitarios y brindan paquetes de sabotaje completos, con programas para efectuar ataques de DoS, virus y generadores de números de tarjeta de crédito, entre otras herramientas.

Según Ragnarok, estos sitios son los más efectivos si de buscar instrumentos de hacking se trata. “Por supuesto –aclara–, navegar por esas páginas es como hacer un pacto con el Diablo; cuando se visita el sitio, un programa automático instala en el computador del cibernauta programas para abrir ‘puertas traseras’, que le facilitarán el acceso ilegal posteriormente”. En el mejor de los casos, los datos del visitante se incluyen en una base de datos, que luego se vende a los sitios de pornografía que patrocinan este tipo de páginas.

Los programas que se consiguen en esos sitios pueden ser muy efectivos si la persona sabe cómo usarlos. Una investigación realizada por el FBI demostró que de portales de ese tipo se habían descargado las aplicaciones empleadas en el 2000 para bloquear y desactivar los sitios de Amazon, eBay y Buy.com, entre otros.

Después del 11 de septiembre del 2001, un informe del Departamento de Defensa de Estados Unidos mostró que el país era especialmente vulnerable a los ataques terroristas virtuales.
Según el estudio, un hacker experto podría, a través de la Red, destruir el software encargado de administrar el sistema de control de una hidroeléctrica desde cualquier lugar del mundo. “Entonces –dice Eduardo Parra– ese gobierno volcó su atención sobre Internet y se obsesionó con la idea de crear mecanismos que permitieran castigar como terroristas a los cibersaboteadores”.

Como consecuencia de esa preocupación, y de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, en octubre del 2001 se aprobó el Patriot Act, una ley estadounidense muy severa que coloca a las personas que cometen delitos por Internet prácticamente al mismo nivel de los terroristas (ver recuadro “Delitos virtuales ya no son un juego”). Esta ley se aprobó pese a la oposición de grupos defensores de la privacidad y los  derechos individuales de Estados Unidos.

 El reino de la piratería

Internet siempre ha sido reconocida como una fuente inagotable de archivos de música, películas y programas que se intercambian de manera ilegal. Por cuenta de este delito, las disqueras, las empresas de software y los estudios de cine pierden miles de millones de dólares al año.

Cada mes, por ejemplo, se intercambian por Internet 655 millones de canciones copiadas ilegalmente, según los datos de la firma de investigaciones NPD Group. Como consecuencia, las ventas mundiales de CD han caído durante dos años consecutivos. Según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), las ventas de CD bajaron 7 por ciento en el 2002 (fueron de 32.000 millones de dólares). Un año antes se habían reducido 5 por ciento.

Y así como la tecnología de compresión de audio MP3 facilitó el intercambio de música pirata por Internet, el formato de compresión de video DivX hizo que fuera más sencillo descargar video de Internet. Los archivos de video en formato DivX son mucho más pequeños, y por ello esta tecnología ha servido para promover la piratería de películas.

Incluso, varios de los grandes estudios de Hollywood han visto como sus películas comienzan a circular por Internet antes de su estreno en los teatros. Es el caso de la cinta Hulk. Según la revista BusinessWeek, veinte días antes del estreno mundial de Hulk, el 20 de junio del 2003, la película ya se podía bajar completa de Internet. Lo mismo sucedió con la segunda parte de Matrix.

“Para bajar una película –dice UltraNuke– se necesita una búsqueda sencilla en Google o Yahoo y dos horas de conexión de banda ancha para recibir el archivo. La calidad de la imagen y el sonido de las copias es muy superior al de los videos piratas que se compran en la calle”.

La industria del software también es afectada por la piratería en Internet. La Business Software Alliance (BSA, entidad que agremia a los productores de software para defenderlos de la piratería) afirma que 51 por ciento de los programas que se vendieron en Colombia durante el 2002 son copias ilegales. Según Sergio Pérez, del DAS, se calcula que la mitad de esos programas fueron descargados o alterados mediante aplicaciones bajadas de Internet.

Sitios como HappyHippo, EasyWarez y Hackzupdates han ofrecido durante años herramientas para violar los códigos de seguridad que se colocan para impedir el uso de copias ilegales de los programas.

 Delitos mayores

Sergio Pérez, del DAS, dice que los delitos por Internet más frecuentes en Colombia están relacionados con el fraude.
“El 43 por ciento de las denuncias recibidas en la Unidad de Delitos Informáticos son contra portales de subastas. La mitad de dichas acusaciones se relaciona con mercancías que nunca fueron enviadas, y otro 10 por ciento, con el uso fraudulento de tarjetas de crédito”, dice.

El detective agregó que, si bien la taza de delitos informáticos en Colombia es baja, la tendencia indica un crecimiento alarmante: “Lo más preocupante es que el nivel de sofisticación de los delincuentes crece rápidamente”, explicó Pérez. Al parecer, en Colombia es fácil encontrar falsificadores de páginas de Internet que crean sitios fraudulentos con el fin de engañar al cibernauta para que deje sus datos personales y el número de su tarjeta de crédito, información que luego utilizan para realizar robos.

De otro lado, aunque se trata de información aún no confirmada, se cree que algunas bases de datos conseguidas a través de Internet pueden estar siendo utilizadas por extorsionistas y secuestradores para seleccionar a sus víctimas.

“Por fortuna –dice Pérez–, el Gobierno colombiano ha planteado la posibilidad de penalizar con cárcel los delitos que se efectúen en Internet y que tengan que ver con la difusión de información personal, el sabotaje y el terrorismo digital”.

Luis Riapira, miembro del grupo especializado en la lucha contra la trata de personas de la Interpol (policía internacional), dijo que también se han detectado organizaciones delictivas que emplean la Red como sistema de contacto para engañar a personas que luego son vendidas en otros países con fines de prostitución, esclavitud y servidumbre.

Lo sorprendente, asegura Riapira, es que a veces se trata de personas de estratos altos y profesionales, que cuentan con el dinero suficiente como para tener acceso a Internet desde sus hogares, pero que no tienen empleo o buscan mejores oportunidades laborales en el exterior.

Según Fanny Polanía, coordinadora en Colombia del programa de personas de la Organización Internacional para las Migraciones, a través de Internet se han contactado algunas de las víctimas de delitos relacionados con la trata de personas, como mujeres y menores reclutados para prostitución y para realizar trabajos forzados.

Según cifras del DAS, entre dos y 10 personas salen de Colombia diariamente para ser vendidas a organizaciones como la mafia rusa y la Yakuza (mafia japonesa).

 El octavo infierno de la Red

Aunque en los sitios web se encuentra de todo, UltraNuke advierte que el verdadero lado oscuro del ciberespacio no está en la zona de Internet que solemos recorrer (la Web).

“Compare Internet con una ciudad como Bogotá. Si quiere ver cosas que dan susto, vaya a recorrer a la media noche las calles principales de las zonas de tolerancia, como la Caracas y la carrera 13. Pero si quiere sentir terror y observar lo que realmente es el underground, métase por los callejones que hay entre esas avenidas. Esas calles pequeñas y peligrosas son los servicios persona a persona, como Kazaa, o Usenet (estos últimos son grupos de discusión de Internet). Allí se consigue todo por encargo, pues hay menos riesgos y se trata de sistemas reservados a los expertos”.

De esa posibilidad se aprovechan quienes emplean Internet para perseguir fines más oscuros que los mencionados. “Si sabe dónde buscar, cualquier usuario puede descargar de la Red el video grabado por un hombre que desfigura la cara de su hija a puñetazos, las fotos realizadas por una banda de pandilleros que viola a una mujer secuestrada en una carretera o fotos muy perturbadoras de víctimas mortales de accidentes de tránsito”, dijo UltraNuke.

Internet también tiene fama de ser una fuente de snuff (género cinematográfico en el que supuestas víctimas son secuestradas para ser torturadas y asesinadas frente de la cámara). Sin embargo, según el libro Killing for Culture, de David Kerekes y David Slater, ninguno de los videos de crímenes que se distribuyen en la Red son reales, lo cual no hace que estas imágenes sean menos perturbadoras.

Es el caso de una producción snuff muy conocida en Internet: Flower of Flesh and Blood (Flor de carne y sangre). El video, de origen japonés, se puede adquirir en diferentes páginas de Internet por 25 dólares (poco más de 70.000 pesos) y muestra a un samurai desmembrando a una joven cautiva.

Advertido del supuesto crimen, el FBI investigó el caso y descubrió que se trataba de un montaje. De hecho, existe una segunda parte de la película, Guinea Pig Two: The Making of Guinea Pig One, en la que se revelan las técnicas empleadas por los productores de la primera versión para realizar trucos como la amputación de las manos de la modelo.

Más grave y real es el hecho de que el ciberespacio sea utilizado como un canal para contactar a las víctimas de crímenes. Sin ir más lejos, en diciembre del 2002 fue capturado en Alemania un hombre de 43 años, identificado por la policía como Armin M., acusado de asesinar y devorar a otro hombre en el 2001.

Según la policía alemana, Armin contactó a un técnico de computadores llamado Bernd Jürgen mediante avisos publicados en sitios web de canibalismo y en cuartos de chat. En los avisos Armin decía que buscaba a un hombre joven dispuesto a participar como víctima en un homicidio.

Bernd Jürgen aceptó la propuesta y viajó a la ciudad alemana de Rottenburg para llevar a cabo el sacrificio. Según la BBC, Armin mutiló y asesinó a Jürgen con su consentimiento, y grabó un video del acto; luego lo cortó en piezas, lo congeló y lo devoró. Armin estaba tratando de contactar a más víctimas por Internet, pero fueron precisamente esos avisos, reportados a la policía por navegantes, los que permitieron su captura.

Patricia Buitrago, sicóloga de la Universidad Nacional especializada en medios de comunicación, afirma: “Internet se ha convertido en el canal por excelencia de quienes buscan lo prohibido. La posibilidad de mantener el anonimato hace que miles de usuarios se conecten cada día para encontrar personas con las que puedan identificarse. El problema es cuando el objetivo de un encuentro es macabro y pone en peligro la salud mental o incluso la vida misma”.

En Japón, por ejemplo, la policía de Tokio anunció en junio que una modalidad de suicidios colectivos se estaba poniendo de moda en las principales ciudades niponas. Los interesados, generalmente jóvenes entre los 15 y 18 años, se afiliaban a clubes virtuales con el fin de planear citas para ayudarse a morir.

En una semana, diez jóvenes fueron encontrados muertos en Tokio y poblaciones aledañas; todos los suicidas se habían conocido por Internet. “Si un niño se topa con ese tipo de contenidos mientras recorre el ciberespacio (o con páginas de pornografía o asesinatos), puede empezar a confundir la idea que tiene sobre el bien y el mal”, dijo Patricia Buitrago.

La sicóloga agregó: “Es común que los pequeños expuestos a pornografía y contenido violento desde pequeños sufran problemas de aprendizaje y rebeldía. Los padres deben enseñarles a enfrentar ese tipo de contenido y a decidir por ellos mismos lo que es bueno y malo. La falta de educación en los niños puede confundirlos y tener consecuencias fatales”.

Infortunadamente, hay ejemplos de esas consecuencias. Según el sitio El Amor es más Fuerte (http://www.elamoresmasfuerte.com/), dedicado a combatir la pornografía infantil, en 1999 un pequeño de 12 años violó a una niña de 4 años en Estados Unidos tras haber sostenido una conversación de carácter sexual en una sala de chat erótico de la Red.

 Una obligación de todos

Para combatir la amenaza que representan los contenidos inapropiados para los niños, muchos gobiernos han creado leyes y campañas que buscan controlar el flujo de información en la Red.
En Colombia, la Ley 679 del 2001 y el decreto 1524 del 2002 promueven medidas para evitar que los niños se conviertan en víctimas de las amenazas que hay en los barrios bajos del ciberespacio.

Según Marta Pinto de De Hart, ministra de comunicaciones de Colombia, “los sitios web pornográficos, en especial los dedicados a la pedofilia, y la presencia constante de pederastas que acechan en las salas de chat, son problemas que crecen de forma alarmante en todo el mundo. Por esa razón, no sólo se hace necesario educar a los padres, sino diseñar políticas para que los proveedores de acceso a Internet (ISP) adopten herramientas que ayuden en la lucha contra las agresiones a los niños”.

Por eso, el Ministerio de Comunicaciones, con la colaboración del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la Unicef, las fundaciones Renacer y Esperanza, y 10 de los más importantes ISP del país –entre otras organizaciones– pusieron en marcha la iniciativa Dignidad Infantil (http://www.dignidadinfantil.gov.co/), un pacto que tiene como objetivo promover el uso de sistemas de control en los servidores de acceso a Internet del país.

Según César León, administrador de contenido del sitio web de CableNet: “La idea es eliminar la posibilidad de que los niños accedan a contenido relacionado con sexo y violencia. Para lograrlo, es necesario echar mano de varios mecanismos de acción. Por ejemplo, se cuenta con un grupo de personas que recorre Internet en busca de sitios con contenido indebido. Cuando encuentran una dirección que puede representar un peligro, esta se agrega a una base de datos y la información se comparte con los otros proveedores”.

“De otro lado –dice Nicolás Méndez, vicepresidente técnico de operaciones de CableNet– existen herramientas tecnológicas que se instalan en los equipos del proveedor para evitar que usuarios no autorizados naveguen por páginas prohibidas de la Red”.

Carlos Gómez, gerente de producto de Etek, una empresa de servicios de seguridad para redes e Internet, dice que los programas diseñados para ISP se instalan en los cachés (donde se almacena la información de los sitios web que recorren los usuarios) para registrar la navegación de los suscriptores del servicio. “De esa forma –explica Gómez– se crean paquetes de datos en los que se consigna la información referente a páginas prohibidas”.

Nicolás Méndez dice que las grandes compañías de soluciones de seguridad para Internet cuentan con poderosos programas que hacen las veces de rastreadores en el ciberespacio.

“Estos viajan de un lado a otro en Internet analizando todos los sitios web para saber cuáles contienen información peligrosa. Con esas páginas elaboran una base de datos, que posteriormente es confirmada con expertos para crear la lista final”, dice Méndez. Esto se hace para evitar que ciertos sitios sean catalogados como prohibidos sin ser peligrosos; por ejemplo, una página de anatomía en la que aparecen fotos de cuerpos desnudos.

 Es trabajo de los padres

La labor de los padres es fundamental para evitar que los niños tengan acceso a contenido inapropiado (ver recuadro).
Por eso, varias compañías de seguridad para Internet venden programas para el hogar que se instalan en los PC a los que tienen acceso los niños y apoyan la tarea de vigilancia paterna.
Sin embargo, dice Patricia Buitrago, “es importante que los padres comprendan que esos instrumentos son simples ayudas, que nunca van a remplazar la efectividad del diálogo, la educación y la confianza familiar”.

“El problema –agrega la sicóloga– es que se piensa que el problema es lejano. No obstante, en una encuesta realizada recientemente entre niños usuarios de Internet en Estados Unidos, se determinó que 60 por ciento de ellos habían sido víctimas de acoso por parte de desconocidos”.

Al respecto, UltraNuke dice: “Si uno quiere descubrir qué tan grande es el peligro al que se exponen los menores que navegan solitarios en la Red, lo mejor es entrar a un chat juvenil y hacerse pasar por alguien de 13 o 14 años. Descubrirá la cantidad de personas interesadas en hablar con usted sobre todo tipo de temas”.

Durante media hora, la revista ENTER acompañó a UltraNuke en su experimento, mientras él se hacía pasar por un niño de 13 años en una sala de chat dedicada a hacer amigos. En el tiempo que duró la experiencia, UltraNuke recibió tres mensajes de personas interesadas en obtener sus datos personales (correo electrónico y teléfono). Además, le llegó la foto de un cibernauta de unos 20 años.

Algunos nombres se cambiaron por petición de los entrevistados.


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Fecha de actualización   domingo febrero 28, 2010 15:05